
INVESTIGACIÓN ORIGINAL / ORIGINAL RESEARCH Calle-Vilca M. et al.
Visionarios en ciencia y tecnología 2023; 9:1-9. 7
Cibercondria y polifarmacia en estudiantes universitarios de Huancayo, 2024
corresponde al sexo femenino y el 60,8% al
masculino, evidenciando una diferencia mínima
entre ambos grupos. Este patrón de consumo
de solo un medicamento, no se considera
polifarmacia según los criterios establecidos por
la OMS. No obstante, se identicó que un 5,2% de
los estudiantes, independientemente de su sexo,
reportó consumir más de cuatro medicamentos,
lo que sí se clasica como polifarmacia. El
análisis estadístico mediante la prueba de Chi-
cuadrado arrojó los siguientes valores: Χ² =
3,811, grados de libertad (gl) = 2, y un nivel de
signicación (p) = 0,1418. Este resultado indica
que no existe una asociación estadísticamente
signicativa entre las variables cualitativas sexo
y número de medicamentos consumidos. Este
resultado estadístico sugiere que el consumo de
medicamentos no varía de manera relevante en
función del sexo dentro de la población estudiada,
lo que refuerza la idea de que otros factores,
más allá del género, podrían estar inuyendo en
el patrón de consumo. Además, la ausencia de
signicancia estadística (p > 0,05) indica que
las diferencias observadas entre los porcentajes
de consumo de medicamentos en hombres y
mujeres son atribuibles al azar, y no reejan una
relación sistemática o dependiente entre estas
variables, este resultado es diferente a lo hallado
por Villafuerte y Zúñiga en su estudio ansiedad y
cibercondría en estudiantes universitarios (7).
En relación con el nivel de cibercondría y el
número de medicamentos consumidos, los
resultados muestran que el 57,1% de los jóvenes
con un nivel moderado de cibercondría incurrió
en polifarmacia, denida por la OMS consumo
mayor a cuatro medicamentos. Asimismo, entre
los jóvenes con un nivel alto de cibercondría,
el 7,1% también presentó polifarmacia. El
análisis mediante la prueba Chi-cuadrado reveló
una asociación estadísticamente signicativa
entre el nivel de cibercondría y el número de
medicamentos consumidos (Χ² = 43,9821, gl =
4, p < 0,0001). Esto indica que las dos variables
son dependientes, sugiriendo que un mayor nivel
de cibercondría podría estar relacionado con
un mayor consumo de medicamentos, lo que
refuerza la importancia de abordar la cibercondría
como un factor determinante en los patrones de
polifarmacia. Asimismo, Robles et al., en su
estudio Calidad de vida y polifarmacia, precisan
la polifarmacia mayor como el consumo de más
de cinco medicamentos (9).
Los resultados sugieren que la intensicación
de la cibercondría, particularmente en sus
dimensiones relacionadas con el uso excesivo
del ciberespacio y la angustia, actúa como un
detonante para el incremento en la cantidad de
medicamentos consumidos, consolidando un
patrón de polifarmacia en una proporción de la
población estudiada. Los altos promedios en
cibercondría evidencian que, aunque no es un
problema extremo en términos de prevalencia,
sí afecta signicativamente la conducta de los
estudiantes. La dimensión de excesividad destaca
como el factor más inuyente, lo que señala la
necesidad de abordar el uso compulsivo del
ciberespacio como un componente central en
las estrategias de prevención y manejo de este
fenómeno. Al no haber diferencias signicativas
entre hombres y mujeres estos fenómenos pueden
estar inuenciados por factores comunes a toda la
población estudiada, como el acceso a información
en línea, el entorno académico y las percepciones
sobre la salud, más que por variables relacionadas
con el género.
La relación entre cibercondría y polifarmacia
tiene implicaciones directas sobre la calidad de
vida de los estudiantes universitarios, afectando
tanto su bienestar físico como mental. En este
contexto, las instituciones educativas tienen un
papel crucial al fomentar espacios seguros y
saludables que disminuyan los factores de estrés y
la dependencia a la información de salud en línea.
El análisis revela que la cibercondría no es un
fenómeno aislado, sino un reejo de un entorno
digital cada vez más inuyente en la toma de
decisiones de salud. Abordar este problema
requiere de un enfoque interdisciplinario, donde
la educación, la salud pública y la tecnología se
unan para construir soluciones sostenibles que
prioricen el bienestar integral de los estudiantes.